"WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET"

dilluns, 15 d’agost del 2016

Bullshit y El Gato Viejo (1 de 2)


3 Octubre 2007

Bullshit y El Gato Viejo (1 de 2)


Me siento afortunado de tener como buena vecina a una mujer que, como yo, intenta llevar a delante una tienda. En su caso es una librería pequeña y muy especializada en un tema que ahora no viene al caso. Es una muchacha encantadora y simpática, reservada, pero de conversación amena. Periódicamente nos visitamos y charlamos, y ella siempre tiene la delicadeza de regalarme un ejemplar de una revista que edita, junto con más colaboradores.
Cada dos o tres meses, pasa por mi tienda y me encarga presupuestos de pantalones, chaquetas o camisas de cuero a medida, para ella misma o para amigos a los que quiere hacer un regalo.

El último de esos posibles regalos era una corbata de cuero negro, estrecha y con un pespunte de hilo blanco en su centro y a todo lo largo, dijo que era para una amiga. Las mujeres están muy hermosas y sexis cuando se visten de hombre, y si además es con cuero negro todavía mejor.

La cuestión importante, sin embargo,  es que ninguno de estos “regalos” o encargos ha llegado a materializarse. Nunca.

¿Será que soy caro?, no, si lo fuera no insistiría y además a ella casi se lo vendo al coste. No soy caro. Al mismo tiempo, después de cada consulta y después también de recibir mi presupuesto, no responde nunca, ni sí, ni no. No responde nada a no ser que yo pregunte. Ya no lo hago, pero al principio sí preguntaba. Entonces sus palabras eran evasivas, dilatorias y vagas, posponiéndolo todo a una futura respuesta que nunca se producía. Ahora me limito a escuchar lo que quiere, la atiendo lo mejor que sé, le enseño calidades, colores y le hago el presupuesto, que ella recibe contenta y agradecida, prometiéndome siempre que en pocos días me dará una respuesta. La respuesta nunca se produce, ni yo la espero ya.

Esta es una circunstancia un poco fastidiosa, pero inocente. Nadie resulta dañado, ni poco ni mucho. Sin embargo, eso no es óbice para que llamemos a las cosas por su nombre, y a eso se le llama “bullshit”.

A eso y a otras cosas.

Harry G. Frankfut, uno de los moralistas norteamericanos más importantes, tiene un librito delicioso titulado así, “On Bullshit”. Su lectura es recomendable, instructiva y muy amena.
La traducción correcta a nuestra lengua de Bullshit es “charlatanería”. Frankfurt casi identifica eso que él llama “charlatanería” con “paparrucha”, en inglés “humburg”, y con la definición que de esta última hace Max Black en, “The prevalence of humburg”.

De ella dice Black:

Paparrucha: tergiversación engañosa próxima a la mentira, especialmente mediante palabras o acciones pretenciosas, de las ideas, los sentimientos o las actitudes de alguien.”
Nosotros pensamos que se debería tener en cuenta la palabra patraña, aunque ésta, quizás, esté demasiado cercana a la mentira y a la invención fabulosa.

Frankfurt advierte la importancia clave de que cuando alguien tergiversa cualquier cosa, ha de estar forzosamente tergiversando también su propio estado de ánimo.
Él dice: “Es posible por supuesto, que uno tergiverse solamente eso (por ejemplo, fingiendo que tiene un deseo o un sentimiento que realmente no tiene)” Y continúa diciendo que en el supuesto de una mentira o de cualquier otra tergiversación, lo está haciendo de dos cosas al mismo tiempo, la cosa en sí tergiversada y su estado de ánimo.

Para profundizar en su “investigación” Frankfurt recurre a Wittgenstein (como casi todo el mundo) cuando éste cita un poema de Longfellow:

In the elder days of art
Builders wrought with greatest care
Each minute and unsee part,
For the Gods are everywhere.

La cita es muy pertinente al querer resaltar el trabajo mal realizado y descuidado como análogo a la charlatanería. Ella es poco exigente, nos dice, y no busca la perfección. Es zafia.
En España tenemos un libro muy interesante de Oscar Tusquets “Dios lo ve”, dedicado precisamente al trabajo bien hecho.

Frankfurt nos recuerda que la palabra shit (mierda), de bullshit, no es precisamente un producto de diseño, es algo expelido, expulsado, echado y filtrado, limpio de alimento. El charlatán es un lanzador de mierda, en el sentido de desprenderse de algo. Un enunciado al que le ha quitado la verdad. Su actitud es laxa, desaliñada.
Wittgenstein fue una persona muy especial en su lucha contra el sin sentido, nos señala Frankfurt. Un caso extremo, muy extremo, es la anécdota que su amiga Fania Pascal relata en: “Wittgenstein: A Personal Memoir”: “Me acababan de extirpar las amigadlas y me hallaba en el Evelyn Nursing Home con el ánimo por los suelos. Entonces llamó Wittgenstein. Yo gruñí: “Estoy como un perro al que acaban de atropellar”. Él respondió con fastidio: “Tú no tienes ni idea de cómo se siente un perro atropellado””.

Indudablemente Wittgenstein era un bromista sin sentido del humor, algo siempre muy penoso y desagradable. Él no sabe entender que su amiga únicamente trata de hacer una hipérbole, una simple metáfora. También pensamos que Frankfurt habría de haber elegido un ejemplo mejor, más ajustado a lo que él trata de dilucidar y explicarnos. Pero elige ése, invitándonos casi, a utilizarlo solamente como ejercicio retórico, y a olvidarnos de la nula capacidad que Wittgenstein manifiesta para interpretar una simple figura poética.
Así lo haremos, seguiremos el juego del señor Frankfurt, y señalaremos de pasada una obviedad, que la inteligencia es un prisma con múltiples caras y Wittgenstein es una buena prueba de ello, le falla una de las caras.

Así pues, para lo que hace al caso y según Frankfurt. “la cuestión es más bien que, hasta donde Wittgenstein puede ver, Pascal ofrece una descripción de un cierto estado de cosas sin atenerse verdaderamente a las exigencias que impone la empresa de brindar una adecuada representación de la realidad. Su falta no estriba en que no logre presentar las cosas correctamente, sino que ni siquiera lo intenta”.

“A ella no le interesa el valor veritativo, es ajena a todo interés por la verdad, por eso no considera que esté mintiendo; pues ella no presume de conocer la verdad y su afirmación no se basa ni en la creencia de que es verdadera como correspondería a la mentira”.

“Es precisamente esa ausencia de interés por la verdad –esa indiferencia ante el modo de ser de las cosas- lo que yo considero la esencia de la charlatanería”, Dice Frankfurt.
También nos señala muy acertadamente, que cuando se miente de una manera eficaz, el mentiroso debe necesariamente conocer la verdad. En cambio el charlatán no miente respecto a los hechos y sí sobre su propósito, tergiversa su intención. Para el charlatán, la verdad no tiene importancia, ni siquiera sabe qué es, prescinde de ella y de “cómo son realmente las cosas de las que habla”.

“Es imposible mentir si uno no cree conocer la verdad. Producir charlatanería no requiere semejante convicción. Una persona que miente está respondiendo a la verdad y en ese sentido, es respetuosa con ella”. Pero el charlatán, “No rechaza la autoridad de la verdad, ni se opone a ella. No le presta ninguna atención en absoluto. Por ello la charlatanería es peor enemigo de la verdad que la mentira”

Frankfurt concluye que la charlatanería aparece inevitablemente siempre que se exige a alguien a hablar de lo que desconoce. Y yo añadiría que es así y que esa es la razón por la que todos somos algo charlatanes cuando hablamos de nosotros mismos. La tentación de mentir, charlatanear y farolear sobre nosotros es grande, pues tal vez es la única cosa que podemos hacer respecto a nosotros mismos.

Aquí hemos introducido un concepto nuevo, “farolear”, más cercana a la charlatanería que a la mentira, al haber en ella un propósito de falsificación más que de falsedad. Frankfurt distingue ambas cosas cuando afirma que una falsificación no tiene que ser necesariamente inferior a la cosa real. La mentira sí lo es. Lo que no es auténtico no tiene por qué que ser defectuoso, nos viene a decir Frankfurt.

Llegados a este punto uno no puede evitar hacer un elogio de la prostituta y del tahúr. Ambos son charlatanes, aunque los beneficios o desgracias que nos pueden aportar cada uno son bien distintos.

dissabte, 25 de juny del 2016

El plec asiàtic

El plec asiàtic

El plec asiàtic és conegut també com la parpella epicantal. L’epicant és el replegament cutani que cobreix l'angle intern dels ulls, especialment desenvolupat en els pobles asiàtics i més concretament mogols. També es pot donar en poblacions caucàsiques i afroamericanes.

Aquests plecs defineixen especialment el rostre asiàtic, dotant-lo de la seva característica personalitat i aquest aire de misteriosa tristesa a l’inclinar l'eix de la parpella cap amunt.

En relació a tot això:

Significa alguna cosa sentir cantar a Caetano Veloso la cançó Cucurrucucu Paloma a la pel·lícula, Happy Together, del director Wong Kar-Wai, mentre veiem com dos homes tracten de mirar-se?
I a Nat King Cole cantar també Quizás, quizás, quizás?

O a Connie Francis un commovedor Siboney?

I una magnífica Perfidia interpretada per Xavier Cugat?

I la música de Shigeru Umebayashi?

Significa alguna cosa?
Tenen aquestes cançons alguna relació amb el "plaer extàtic" en la contemplació de la veritable bellesa?

Té alguna importància fumar una cigarreta amb elegància?

O que la paret del fons sigui verda i la següent vermella?, una cortina blava al costat d'una llum groga?

Igual que a la sala de ball de sota de casa meva, La Florida?

Sí.
Com s'aconsegueix dotar un ambient pobre i tronat d'una sofisticació tranquil·la i espontània?

Cal mirar poc a poc? A les coses i als altres?

Per què algunes coses cal fer-les així, poc a poc, molt a poc a poc?
Com hem de mirar-nos a nosaltres mateixos? Què hem de fer per ser mirats bé?

Els llums xinesos són bonics? Quina classe de llum és la seva? ¿Projecta claredat o endolceix i revesteix de suavitat a les ombres i a les cantonades?

Com aconseguim avui dia que un bigoti fi i retallat d'home sigui atractiu? És impossible? És ridícul?

Ens agraden els quipaos que vesteix i llueix Maggie Cheung, en In the Mood for Love?

Ens agrada ella?

Ens agrada ell, Tony Leung?
Ens agrada com es mouen ells dos? Sense tocar-se.

Per què pensem que es mouen a poc a poc?

Per què és tan bonica de rostre i de cos Maggie Cheung?

Per què té aquestes malucs tan ben marcats? I la cintura tan estreta? I el ventre tan pla? ¿I els pits tan ben formats?
Per què el traç asiàtic, o més exactament Thai, és -tal vegada- la veritable línia de l'autèntica bellesa física femenina, el seu veritable perfil, el tret on podem trobar-la més nítidament?

Per què el director, Wong Kar-Wai, quan els dos protagonistes de In the Mood for Love decideixen passar la primera i l'última nit junts, només ens mostra una dolça carícia de mans dins el taxi que els porta a l'hotel?
Quines coses belles succeeixen dins dels taxis?

És necessari fer coincidir aquesta fallida història d'amor amb la fi d'una altra ciutat, Hong Kong? És la ciutat també un personatge?

Per què moltes persones tenen obsessió pels números de les habitacions dels hotels? Per què Wong Kar-Wai titula 2046, el número d'una habitació d'hotel, a una de les seves últimes i millors pel·lícules?

Per què vaig titular jo en una ocasió un relat com L'habitació 601?
Què passa als hotels? Passa alguna cosa que hagi de saber-se?, O alguna cosa que s’hagi ocultar?

Ens agrada Ziyi Zhang?
Com és que pot haver dones tan boniques i amb els ulls asimètrics com ella?

Per què el protagonista i escriptor de 2046 creu estar escrivint sobre el futur, quan en realitat escriu sobre el passat? Això és ineludiblement sempre així?, el futur només és un passat diferent?

Està boig aquest escriptor tractant de comportar-se com un cínic i mostrar-se invulnerable amb les dones, quan en realitat mai ha pogut oblidar a La seva Li Zhen, un antic amor que el llastra i paralitza, i del que no sap o no pot desprendre’s?


En una pel·lícula a color quina importància ha de tenir el color negre? On col·locar-lo?, en l'impecable vestit del protagonista masculí? En algun dels abrics de la protagonista femenina que al treure-se'l ens enlluerni  amb el color del seu quipao?

Per què són tan bonics aquests vestits asiàtics?

Per què un pot estar hores embadalit mirant a tots els actors i actrius de les pel·lícules de Wong Kar-Wai?
Carina Lau, Maggie Cheung, Brigitte Lin, Michele Reis, Faye Wong, Takeshi Kaneshiro, Tony Leung, Andy Lau, Jacky Cheung, Leslie Cheung, Ziyi Zhang.

Ens recorda tot això les pel·lícules d'Antonioni? O les de David Lynch, Lost Highway i Mulholland Drive? Per què? El color és el mateix?, només és el color? És el temps?, són les seves dones?

Tot això té alguna cosa a veure amb el plec asiàtic?

Amb l'ull?, amb el caminar?, amb el seure’s a la vora del llit?

Hi ha algun tractat que ensenyi a seure correctament i sensual a la vora del llit?
Filmografia de Wong Kar-Wai en ordre invers:

·     My Blueberry Nights (2007)
·     Eros (Segmento "La mano") (2004)
·     2046 (2004)
·     Six Days (videoclip de Dj Shadow) (2002)
·     The Follow (cortometraje) (2001)
·     In the Mood for Love (Deseando amar) (2000)
·     Happy Together (1997)
·     Fallen Angels (1995)
·     Chungking Express (1994)
·     Ashes of Time (1994)
·     Days of Being Wild (1991)
·     As Tears go By (1988)
En l'última escena de In the Mood for Love el protagonista masculí, al cap dels anys, viatja a les ruïnes d'Angkor, a Cambodja. Allà, entre palaus i mala herba, busca un forat petit, un simple buit, una esquerda a la pedra vella per dipositar-hi alguna cosa.

La càmera s'allunya per mostrar-nos la grandiositat del lloc i la petitesa i solitud d'aquest home, que en un racó, diposita en aquest petit forat no sabem què, i que agafant-se a la pedra l'abraça i la besa, besa aquesta cavitat, aquesta obertura en la que acaba de dipositar el seu secret, el seu missatge.

La besa amb determinació i força.

Besa el ventre d'una pedra vella en què ha dipositat la seva joia.



Per a tota l'eternitat.

La música cessa.

Silenci.
19 de setembre de 2007


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El pliegue asiático

El pliegue asiático es conocido también como párpado epicantal. El epicanto es el repliegue cutáneo que cubre el ángulo interno de los ojos, especialmente desarrollado en los pueblos asiáticos y más concretamente mogoles. También se puede dar en poblaciones caucásicas y afroamericanas.

Estos pliegues definen especialmente el rostro asiático, dotándolo de su característica personalidad y ese aire de misteriosa  tristeza al inclinarse el eje del párpado hacia arriba.

En relación a eso:

¿Significa algo oír cantar a Caetano Veloso la canción Cucurrucucu Paloma en la película, Happy Together, del director Wong Kar-Wai, mientras vemos como dos hombres tratan de mirarse?
¿Y a Nat King Cole cantar también Quizás, quizás, quizás?

¿O a Connie Francis un conmovedor Siboney?

¿Y una magnífica Perfidia interpretada por Xavier Cugat?

¿Y la música de Shigeru Umebayashi?

¿Significa algo?
¿Tienen esas canciones alguna relación con el “placer extático” en la contemplación de la verdadera belleza?

¿Tiene alguna importancia fumar un cigarrillo con elegancia?

¿O que la pared del fondo sea verde y la de al lado roja?, ¿una cortina azul junto a una luz amarilla?

¿Igual que la sala de baile debajo de mi casa, La Florida?

Sí.
¿Cómo se consigue dotar a un ambiente pobre y raído de una sofisticación tranquila y espontánea?

¿Es necesario mirar despacio? ¿A las cosas y a los demás?

¿Por qué algunas cosas hay que hacerlas así, despacio, muy despacio?
¿Cómo debemos mirarnos a nosotros mismos? ¿Qué debemos hacer para ser mirados bien?

¿Las lámparas chinas son bonitas? ¿Qué clase de luz es la suya? ¿Proyecta claridad o dulcifica y reviste de suavidad a las sombras y a las esquinas?

¿Cómo conseguimos hoy en día que un bigote fino y recortado de hombre sea atractivo? ¿Es imposible? ¿Es ridículo?

¿Nos gustan los quipaos que viste y luce Maggie Cheung, en In the Mood for Love?

¿Nos gusta ella?

¿Nos gusta él, Tony Leung?
¿Nos gusta cómo se mueven los dos? Sin tocarse.

¿Por qué pensamos que se mueven despacio?

¿Por qué es tan hermosa de rostro y de cuerpo Maggie Cheung?

¿Por qué tiene esas caderas tan bien marcadas? ¿Y la cintura tan estrecha? ¿Y el vientre tan plano? ¿Y los pechos tan bien formados?
¿Por qué el trazo asiático, o más exactamente Thai, es –tal vez– la verdadera línea de la auténtica belleza física femenina, su verdadero perfil, el rasgo donde podemos hallarla más nítidamente?

¿Por qué el director, Wong Kar-Wai, cuando los dos protagonistas de In the Mood for Love deciden pasar la primera y la última noche juntos, solamente nos muestra una dulce caricia de manos dentro del taxi que los lleva al hotel?
¿Qué cosas hermosas suceden dentro de los taxis?

¿Es necesario hacer coincidir esta fallida historia de amor con el fin de otra ciudad, Hong Kong? ¿Es la ciudad también un personaje?

¿Por qué muchas personas tienen obsesión por los números de las habitaciones de los hoteles? ¿Por qué Wong Kar-Wai titula 2046, el número de una habitación de hotel, a una de sus últimas y mejores películas?
¿Por qué titulé yo en una ocasión un relato como La habitación 601?

¿Qué sucede en los hoteles? ¿Sucede algo que deba saberse?, ¿O algo que deba ocultarse?

¿Nos gusta Ziyi Zhang?
¿Cómo es que pueden existir mujeres tan bonitas y con los ojos asimétricos como ella?

¿Por qué el protagonista y escritor de “2046”  cree estar escribiendo sobre el futuro, cuando en realidad escribe sobre el pasado? ¿Eso es ineludiblemente siempre así?, ¿el futuro solamente es un pasado diferente?

¿Está loco ese escritor tratando de comportarse como un cínico y mostrarse invulnerable con las mujeres, cuando en realidad nunca ha podido olvidar a Su Li Zhen, un antiguo amor que lo lastra y paraliza, y del que no sabe o no puede desprenderse?
En una película a color ¿qué importancia ha de tener el color negro? ¿Dónde colocarlo?, ¿en el impecable traje del protagonista masculino? ¿En alguno de los abrigos de la protagonista femenina que al quitárselo nos deslumbre con el color de su qipao?

¿Por qué son tan bonitos estos vestidos asiáticos?

¿Por qué uno puede estar horas embelesado mirando a todos los actores y actrices de las películas de Wong Kar-Wai?
Carina Lau, Maggie Cheung, Brigitte Lin, Michele Reis, Faye Wong, Takeshi Kaneshiro, Tony Leung, Andy Lau, Jacky Cheung, Leslie Cheung, Ziyi Zhang.

¿Nos recuerda todo ello las películas de Antonioni? ¿o las de David Linch  Lost Highway y Mulholland Drive? ¿Por qué? ¿El color es el mismo?, ¿sólo es el color? ¿Es el tiempo?, ¿son sus mujeres?

¿Todo eso tiene algo que ver con el pliegue asiático?

¿Con el ojo?, ¿con el caminar?, ¿con el sentarse al borde de la cama?

¿Existe algún tratado que enseñe a sentarse correcta y sensualmente al borde de la cama?
Filmografía de Wong Kar-Wai en orden inverso:

·     My Blueberry Nights (2007)
·     Eros (Segmento "La mano") (2004)
·     2046 (2004)
·     Six Days (videoclip de Dj Shadow) (2002)
·     The Follow (cortometraje) (2001)
·     In the Mood for Love (Deseando amar) (2000)
·     Happy Together (1997)
·     Fallen Angels (1995)
·     Chungking Express (1994)
·     Ashes of Time (1994)
·     Days of Being Wild (1991)
·     As Tears go By (1988)
En la última escena de In the Mood for Love el protagonista masculino, al cabo de los años, viaja a las ruinas de Angkor, en Camboya. Allí, entre palacios  y maleza, busca un agujero pequeño, un simple hueco, una hendidura en la piedra vieja para depositar algo.

La cámara  se aleja para mostrarnos la grandiosidad del lugar y la pequeñez y  soledad de ese hombre, que en un rincón, deposita en ese pequeño hoyo no sabemos qué, y que agarrándose a la piedra la abraza y la besa, besa esa oquedad, esa abertura en la que acaba de depositar su secreto, su mensaje.

La besa con determinación y fuerza.

Besa el vientre de una piedra vieja en la que ha depositado su joya.


Para toda la eternidad.

La música cesa.

Silencio.
19 de setiembre de 2007






Le jeune Albert

Le jeune Albert, Yves Chaland
Le jeune Albert


20 de desembre de 2006

Només els nens que han viscut una postguerra en una família humil, podran emocionar-se i somriure amb el petit Albert. També podran fer-se seu el personatge tots aquells que han tingut el privilegi d'haver conegut un món sense televisió, on l'electrodomèstic més sofisticat que hi havia a la casa era una ràdio de vàlvules, amb ella s'accedia al món i a un nou entreteniment. Gràcies a ella la música va començar a no ser ja un bé escàs. Concursos, notícies i les novel·les radiades de centenars de capítols i tota la família al voltant de la ràdio, deixant el sopar a mitges per escoltar el capítol del dia, mentrestant, l'àvia, sorda, treballadora, despreocupada, i pensant que ja havien sopat, retirava el menjar de la taula i es posava a rentar els plats. En acabar l'audició tots tornaven per acabar de sopar i es trobaven que s'havien quedat sense postres.

Malgrat els desastres viscuts, de la pobresa, de la fam, dels morts enterrats de qualsevol manera i en qualsevol lloc i de les joventuts mig perdudes, malgrat tot això, aquest era un món innocent i també ingenu. Potser era així per la seva pobresa material, per la falta (escassetat) de tantes coses. Aquest era un món on als nens se'ls banyava en gibrells i els adults havien d'anar un cop per setmana als banys públics, al no tenir les seves cases un lavabo en condicions. En aquest món hi havia també un tresor gairebé tan important com les dobles sessions de cinema els diumenges a la tarda, aquest tresor eren les novel·les gràfiques, els còmics, els tebeos, tot un monument a la civilització i a la nostàlgia. Barat i humil.

"Le jeune Albert" era belga, fill d'un dels millors artistes europeus, Yves Chaland, francès i lyonés, mort prematurament molt jove als trenta-tres anys d'edat. Ell va ser un dels que van renovar l'escola de còmic belga, agermanada amb la francesa i coneguda amb un dels millors noms que alguna cosa o algú puguin tenir, "La Línia Clara". Nom que per sí mateix només mereix tot un tractat i un homenatge, per la seva precisió i poesia, dues circumstàncies que poques vegades trobem juntes.

El seu gran mestre va ser l'inigualable Hergé, pare del irrepetible Tintin. Darrere d'ell i al costat d'ell el van acompanyar un nombrós grup d'artistes, des del cèlebre Morris i el seu justicier "Lucky Luke", amb la seva cigarreta penjant sempre dels seus llavis i ara obligat pels nous temps a convertir-se en exfumador, fins al divertidíssim i moltes vegades càustic André Franquin i el seu insuperable Spirou, nom que va donar lloc a una de les més importants i prestigioses revistes de còmics de tot el món i que va servir després de model per a la francesa Pilote. La llista seria i és interminable, l'atractiu i la influència de "La línia Clara" s'ha estès ja a la resta del món sobrepassant el seu inicial reducte franc-belga. A Espanya hi ha els alumnes més avantatjats i aplicats amb el valencià Daniel Torres i el portentós català Max, un geni del dibuix.

Però Yves Chaland és més tendre i més entranyable, potser per la seva joventut i la seva vida perdudes injusta i promptament. La claredat i la llegibilitat del seu grafisme són exemples també clars i llegibles de tota l'escola, caracteritzada per una pulcra neteja i una falsa senzillesa. En ella, certament, res és senzill, tot, en canvi, està estudiat i és complex. La línia, això sí, és l'instrument sempre adequat per ressaltar l'important, per destacar els detalls necessaris, perquè el conjunt adquireixi significat i sentit. La línia és la millor eina separadora, cada cosa al seu lloc, tot ordenat i sense taques que el confonguin, ni amb la resta, ni amb el fons. Com un bon naturalista, Chaland i els seus han estat sempre convençuts que ni la millor de les fotografies pot competir mai amb el millor dels dibuixos. L'encant del seu traç i la lluminositat dels seus colors recorden les estampes japoneses i les miniatures medievals, falsament infantils i equivocadament ingènues, però amables i amigables. Mirant i gaudint-ne sempre acabem recordant que alguna cosa se'ns ha oblidat, no sabem mai què és, potser per això no parem de mirar i remirar mil vegades aquests dibuixos, trobant en ells sempre coses noves.

"Le jeune Albert" és un nen de la postguerra belga que és la postguerra de la segona Guerra Mundial, a Brussel·les, Ostende o Anvers. És la pàtria de Godofredo de Bouillon, un personatge de segona fila  que va passar a la història en convertir-se en un dels primers creuats que van anar a Terra Santa a la recerca de fortuna i de perdó. Aquest és també el país que en aquests anys de postguerra ha d'abandonar per donar-li la independència a la seva "gran finca particular", el Congo, al cor de l'Àfrica, allà on el rei dels belgues, també anomenat Alberto, va creure que podia, fer i desfer, robar i espoliar al seu gust. El Congo, on es va refugiar durant anys, en plena selva i en el mateix "cor de les tenebres", Kurtz, el boig, el rebel, el qual morint delira cridant a l’horror, no sabem si per allunyar-lo o per acompanyar-lo. Bèlgica i el Congo, on una monja amb la cara d'Audrey Hepburn troba i perd la seva vocació quan ha de decidir què ha de fer amb els seus hàbits i amb l'ocupació nazi del seu país. Bèlgica, on els seus camps supuren la sang de mil batalles de les mil guerres que Europa ha patit i ha buscat. Bèlgica, més catòlica que luterana i tan valona com flamenca, allà on Espanya es va dessagnar pel seu orgull suïcida. Bèlgica també, on neix ara aquesta nova Europa, esforçada, menys boja, més sàvia i molt més espantada. Bèlgica, a la qual sempre haurem d'agrair que en lloc d'inventar el rellotge de cucut com van fer els suïssos, inventés "La Línia Clara".

La vida del petit Albert no és fàcil. Els adults que tenen cura d'ell, els seus pares, han de carregar pesos molt grans que gairebé els aixafen a ells en moltes ocasions. Els seus companys, nens com ell, són també supervivents, són amics i rivals, bons nois i éssers cruels. Despietats quan la situació ho requereix i també burletes, egoistes i agres. Com ho és el petit Albert, brivall i entremaliat. Tots ells a casa seva, al carrer i a l'escola, enfront dels seus professors, la majoria d'ells majors, plens de dubtes, desconcertats i enfadats, amb mal caràcter, amb el bigoti groc per culpa del fum del tabac i les bates plenes de forats per culpa de la cendra mal apagada i amb més d'un botó descosit i a punt de caure, el coll de la camisa ras i brut i les sabates amb la sola gastada. L'abric vell i el barret passat de moda. I els dits, aquests maleïts dits sempre enfangats de guix.


Aquest és el paisatge, al qual cal afegir l'esclat de color dels quioscos on es venen les revistes gràfiques i els còmics. Cada setmana esperant amb ànsia l'aparició del nou número. Cada setmana desitjant saber com continuen les aventures del teu heroi preferit. Quina meravella aquells dibuixos!, eren la catifa màgica amb la qual aconseguies viatjar per tot el món. Eren el coet, la nau espacial que et transportava més enllà del sol. Eren la porta oberta a la felicitat. El petit Albert, com tots els que vam conèixer aquest món, va aconseguir traspassar-la. I allà es va quedar, la mort del seu pare Chaland i amb ella la d'ell, el va atrapar de ple a la meitat de l'aventura, allà segueix.



20 Diciembre 2006

Sólo los niños que han vivido una posguerra en una familia humilde, podrán emocionarse y sonreír con el pequeño Alberto. También podrán hacerse suyo el personaje todos aquellos que han tenido el privilegio de haber conocido un mundo sin televisión, donde el electrodoméstico más sofisticado que había en la casa era una radio de válvulas, con ella se accedía al mundo y a un nuevo entretenimiento. Gracias a ella la música empezó a no ser ya un bien escaso. Concursos, noticias y las novelas radiadas de cientos de capítulos y toda la familia alrededor de la radio, dejando la cena a medias para escuchar el capítulo del día, mientras tanto, la abuela, sorda, trabajadora, despreocupada, y pensando que ya habían cenado, retiraba la comida de la mesa y se ponía a lavar los platos. Al finalizar la audición todos regresaban para terminar de cenar y se encontraban que se habían quedado sin postre.


A pesar de los desastres vividos, de la pobreza, del hambre, de los muertos enterrados de cualquier manera y en cualquier lugar y de las juventudes medio perdidas, a pesar de todo ello, este era un mundo inocente y también ingenuo. Tal vez era así por su pobreza material, por la escasez de tantas cosas. Ese era un mundo donde a los niños se les bañaba en barreños y los adultos habían de ir una vez por semana a los baños públicos, al no tener sus casas un aseo en condiciones. En ese mundo había también un tesoro casi tan importante como las dobles sesiones de cine los domingos por la tarde, ese tesoro eran las novelas gráficas, los cómics, los tebeos, todo un monumento a la civilización y a la nostalgia. Barato y humilde.


“Le jeune Albert” era belga, hijo de uno de los mejores artistas europeos, Yves Chaland, francés y lyonés, muerto prematuramente muy joven a los treinta y tres años de edad. Él fue uno de los que renovaron la escuela de cómic belga, hermanada con la francesa y conocida con uno de los mejores nombres que algo o alguien puedan tener, “La Línea Clara”. Nombre que por si solo merece todo un tratado y un homenaje, por su precisión y poesía, dos circunstancias que pocas veces encontramos juntas.


Su gran maestro fue el inigualable Hergé, padre del irrepetible Tintin. Detrás de él y junto a él le acompañaron un numeroso grupo de artistas, desde el célebre Morris y su justiciero “Lucky Luke”, con su pitillo colgando siempre de sus labios y ahora obligado por los nuevos tiempos a convertirse en exfumador, hasta el desternillante y muchas veces caústico André Franquin y su insuperable Spirou, nombre que dio lugar a una de las más importantes y prestigiosas revistas de cómics de todo el mundo y que sirvió luego de modelo para la francesa Pilote. La lista sería y es interminable, el atractivo y la influencia de “La línea Clara” se ha extendido ya al resto del mundo sobrepasando su inicial reducto franco-belga. En España encontramos a los alumnos más aventajados y aplicados con el valenciano Daniel Torres y el portentoso catalán Max, un genio del dibujo.


Pero Yves Chaland es más tierno y más entrañable, tal vez por su juventud y su vida perdidas injusta y prontamente. La claridad y la legibilidad de su grafismo son ejemplos también claros y legibles de toda la escuela, caracterizada por una pulcra limpieza y una falsa sencillez. En ella, ciertamente, nada es sencillo, todo, en cambio, está estudiado y es complejo. La línea, eso sí, es el instrumento siempre adecuado para resaltar lo importante, para destacar los detalles necesarios, para que el conjunto adquiera significado y sentido. La línea es la mejor herramienta separadora, cada cosa en su sitio, todo ordenado y sin manchas que lo confundan, ni con el resto, ni con el fondo. Como un buen naturalista, Chaland y los suyos han estado siempre convencidos que ni la mejor de las fotografías puede competir jamás con el mejor de los dibujos. El encanto de su trazo y la luminosidad de sus colores recuerdan las estampas japonesas y las miniaturas medievales, falsamente infantiles y equivocadamente ingenuas, pero amables y amigables. Mirándolas y disfrutándolas siempre acabamos recordando que algo se nos ha olvidado, no sabemos nunca qué es, tal vez por eso no paramos de mirar y remirar mil veces esos dibujos, encontrando en ellos siempre cosas nuevas, olvidadas.


“Le jeune Albert” es un niño de la posguerra belga que es la posguerra de la segunda Guerra Mundial, en Bruselas, Ostende o Amberes. Es la patria de Godofredo de Bouillon, un segundón que pasó a la historia al convertirse en uno de los primeros cruzados que fueron a Tierra Santa en busca de fortuna y de perdón. Ese es también el país que en esos años de posguerra debe abandonar y darle la independencia a su “gran finca particular”, el Congo, en el corazón de África, allí donde el rey de los belgas, también llamado Alberto, creyó que podía, hacer y deshacer, robar y expoliar a su antojo. El Congo, donde se refugió durante años, en plena selva y en el mismo “corazón de las tinieblas”, Kurtz, el loco, el rebelde, el que muriéndose delira llamando al “horror”, no sabemos si para alejarlo o para acompañarlo. Bélgica y el Congo, donde una monja con el rostro de Audrey Hepburn encuentra y pierde su vocación cuando ha de decidir qué debe hacer con sus hábitos y con la ocupación nazi de su país. Bélgica, donde sus campos supuran la sangre de mil batallas de las mil guerras que Europa ha sufrido y ha buscado. Bélgica, más católica que luterana y tan valona como flamenca, allí donde España se desangró por su orgullo suicida. Bélgica también, donde nace ahora esa nueva Europa, esforzada, menos loca, más sabia y mucho más asustada. Bélgica, a la que siempre habremos de agradecer que en lugar de inventar el reloj de cuco como hicieron los suizos, inventara “La Línea Clara”.


La vida del pequeño Alberto no es fácil. Los adultos que cuidan de él, sus padres, deben cargar pesos muy grandes que casi los aplastan a ellos en muchas ocasiones. Sus compañeros, niños como él, son también supervivientes, son amigos y rivales, buenos muchachos y seres crueles. Despiadados cuando la situación lo requiere y también burlones, egoístas y agrios. Como lo es el pequeño Alberto, bribón y travieso. Todos ellos en sus casas, en la calle y en la escuela, frente a sus profesores, la mayoría de ellos mayores, llenos de dudas, desconcertados y enfadados, con mal carácter, con el bigote amarillo por culpa del humo del tabaco y las batas llenas de agujeros por culpa de la ceniza mal apagada y con más de un botón descosido y a punto de caer, el cuello de la camisa raído y sucio y los zapatos con la suela gastada. El abrigo viejo y el sombrero pasado de moda. Y los dedos, esos malditos dedos siempre embarrados de tiza.


Ese es el paisaje, al que hay que añadir el estallido de color de los kioscos donde se venden las revistas gráficas y los tebeos. Cada semana esperando con ansia la aparición del nuevo número. Cada semana deseando saber cómo continúan las aventuras de tu héroe preferido. ¡Qué maravilla aquellos dibujos!, eran la alfombra mágica con la que lograbas viajar por todo el mundo. Eran el cohete, la nave espacial que te transportaba más allá del sol. Eran la puerta abierta a la felicidad. El pequeño Alberto, como todos los que conocimos ese mundo, logró traspasarla. Y allí se quedó, la muerte de su padre Chaland y con ella la de él, lo atrapó de lleno en mitad de la aventura, allí sigue.


Nosotros, mientras podamos conservar nuestra memoria, sabremos que aun tenemos una oportunidad de acompañarle. Allí está, ¿no lo veis?, al otro lado nos espera. Tras esa puerta que siempre permanece abierta.
 





dissabte, 23 d’abril del 2016

Jean Giraud


12 juny 2006

Jean Giraud

Jean Giraud (Gir) va cedir la portada de la seva primera obra al seu propi mestre, Jijé. Avui dia segueix publicant els àlbums de El tinent Blueberry -una de les sèries més famoses del món del còmic- com a coautor al costat del seu guionista Charlier, tot i que aquest fa molts anys que va morir i ara és el mateix Giraud qui escriu les històries.

Jean Giraud és un artista de formació clàssica. El seu saber es fonamenta en un coneixement profund i exhaustiu de la figura humana i animal, del dibuix i del traç, tant a llapis com a pinzell. És directe en la línia com en la taca. Els seus blancs i negres són blancs i negres. La seva gamma cromàtica és completa i adequada. El tractament de la llum i de l'ombra és pulcrament efectiva. És un artista net i clar sense formar part de la famosa línia clara, encara que potser estigui, com ho estem gairebé tots, emocionalment influït per ella. Va ser deixeble dels grans mestres americans, Alex Raymond, Milton Canniff, Burne Hogarth i de la línia precisa de l’Harold Foster que, més tard, com a Moebius, va fer seva. El seu imaginari és la reinterpretació dels grans mites i velles històries del Western, com també de la més pura fantasia pseudocientífica, irònica i surrealista. Beu de fonts clàssiques i recents com el famós Dune de Brian Herbert, dels Diaris de les estrelles, de Stanislaw Lem i de l'obra gràfica de Philippe Druillet i el seu extraordinari Lone Sloane.

Jean Giraud és alhora Moebius, l'altra cara de la moneda d'un artista que té el difícil mèrit d'haver creat, sense cap mena de dubte, la millor obra del còmic universal: El garatge hermètic, que igual que El Quixot, és també ell un fulletó que vol ridiculitzar les velles i novel·leres històries, en aquest cas, de ciència ficció. Com l’Hidalgo de la Manxa, el Major Grubert, el seu protagonista, vesteix també, com el castellà, robes i vestimentes fora de lloc i antigues, en l'obra de Moebius sembla, amb el seu salacot, un tronat explorador africà de les velles èpoques imperials europees a l'Àfrica, i el món que recrea en el seu asteroide és igualment una Manxa que no existeix. Però el Major és un ésser solitari sense Sancho i encara que tingui la seva Dulcinea representada per una esplendorosa Madame Kovalsky. La galàxia Moebius inaugura la fantaciència moderna en la qual el futur està dins del nostre cap i la màgia consisteix a trobar una porta en un mur que no n’ofereix cap.

Però tan importants com els seus orígens han estat les seves conseqüències i les seves seqüeles; les seves aportacions iconogràfiques, el seu traç, la seva mirada i els seus paisatges, el contorn dels cossos dibuixats, la desolació dels dies assolellats juntament amb les tavernes plenes d'éssers impossibles com nosaltres, les seves Venècies celestials i els seus ocells de ciment, les seves Edenes i els seus Ciguri, han influït no només en el propi món del còmic, sinó també en el cinematogràfic (Star Wars). Tota la ciència ficció, i molt bona part de la iconografia moderna a partir dels setanta, són filles dels seus ulls.

En Moebius, la seva mirada irònica i visionària, el futur i el passat, la poesia i l'absurd tracen una línia contínua precisa i amable. Les seves vinyetes, tal com ell pretén, són d'un altre món. Els éssers que en elles apareixen i les històries que en elles es narren són, al mateix temps, estranyes i properes, tan rares com quotidianes, tan normals i conegudes que ens condueixen inevitablement a la conclusió que els veritables extraterrestres som nosaltres com ja ens va anticipar, en les seves cròniques, Ray Bradbury.

Gràcies a ell vam seguir llegint al final de cada capítol el màgic i humil conjur esperançat: "continuarà". Aquesta és una de les moltes raons per les que tots som el Major Grubert, i igual que l'enginyer Barnier cometrem també l'error fatal de fer entrar en ressonància el projector de partícules amb el calibra-nivells i destruir així una bonica nau cablera. Les conseqüències seran terribles i irreparables, els tres nivells de l'asteroide Ciguri es descompensaran inevitablement, igual que tots els nostres escrits i records revelant-se contra nosaltres per destituir-nos i ser lliures, per enderrocar la tirania que exercim sobre ells. Però l'enginyer Barnier ens sorprèn al revelar-se que és una noia, porta un abric de pell que jo mateix li vaig confeccionar en un altre món que va desaparèixer com ho farà aquest en el que ara visc perquè no podré evitar que l'emmascarat arquer del destí efectuï un tret precís i encertat. Madame Kowalsky, Jerry Cornelius i el Major Grubert ho saben, és a dir, saben més del que haurien de saber. Jo també.

Què puc fer a més de desaparèixer anònimament a la xarxa del suburbà?
                                                                                                                    
                                                                                                                   Continuarà...

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Jean Giraud va morir el 10 de Març de 2012, gairebé 6 anys després d'escriure el present text.




12 de junio de 2006

Jean Giraud

Jean Giraud (Gir) cedió la portada de su primera obra a su propio maestro, Jijé. Hoy en día sigue publicando los álbumes de El teniente Blueberry -una de las series más famosas del mundo del cómic- como coautor junto a su guionista Charlier, a pesar de que éste hace muchos años que falleció y ahora es el mismo Giraud quien escribe las historias. 

Jean Giraud es un artista de formación clásica. Su saber se fundamenta en un conocimiento profundo y exhaustivo de la figura humana y animal, del dibujo y del trazo, tanto a lápiz como a pincel. Es directo en la línea como en la mancha. Sus blancos y negros son blancos y negros. Su gama cromática es completa y adecuada. El tratamiento de la luz y de la sombra es pulcramente efectiva. Es un artista limpio y claro sin formar parte de la famosa línea clara, aunque quizás esté, como lo estamos casi todos, emocionalmente influido por ella. Fue discípulo de los grandes maestros americanos, Alex Raymond, Milton Canniff, Burne Hogarth y de la línea precisa de Harold Foster que, más tarde, como Moebius, hace suya. Su imaginario es la reinterpretación de los grandes mitos y viejas historias del Western, como también de la más pura fantasía pseudocientífica, irónica y surrealista. Bebe de fuentes clásicas y recientes como el famoso Dune de Brian Herbert, de los Diarios de las estrellas, de Stanislaw Lem y de la obra gráfica de Philippe Druillet y su extraordinario Lone Sloane.

Jean Giraud es a la vez Moebius, la otra cara de la moneda de un artista que tiene el difícil mérito de haber creado, sin lugar a dudas, la mejor obra del cómic universal: El garaje hermético, que al igual que El Quijote, es también él un folletín que quiere ridiculizar las viejas y noveleras historias, en este caso, de ciencia ficción. Como el Hidalgo de la Mancha, el Mayor Grubert, su protagonista, viste también, como el castellano, ropas y vestimentas fuera de lugar y antiguas, en la obra de Moebius parece, con su salakov, un trasnochado explorador africano de las viejas épocas imperiales europeas en África, y el mundo que recrea en su asteroide es igualmente una Mancha que no existe. Pero el Mayor es un ser solitario sin Sancho aunque tenga a su Dulcinea representada por una esplendorosa Madame Kovalsky. La galaxia Moebius inaugura la fantaciencia moderna en la que el futuro está dentro de nuestra cabeza y la magia consiste en hallar una puerta en un muro que no ofrece ninguna.

Pero tan importantes como sus orígenes han sido sus consecuencias y sus secuelas; sus aportaciones iconográficas, su trazo, su mirada y sus paisajes, el contorno de los cuerpos dibujados, la desolación de los días soleados junto con las tabernas repletas de seres imposibles como nosotros, sus Venecias celestiales y sus pájaros de cemento, sus Edenas y sus Ciguri, han influido no sólo en el propio mundo del cómic, sino también en el cinematográfico (Star Wars). Toda la ciencia ficción, y muy buena parte de la iconografía moderna a partir de los setenta, son hijas de sus ojos.

En Moebius, su mirada irónica y visionaria, el futuro y el pasado, la poesía y el absurdo trazan una línea continua precisa y amable. Sus viñetas, tal y como él pretende, son de otro mundo. Los seres que en ellas aparecen y las historias que en ellas se narran son, al mismo tiempo, extrañas y próximas, tan raras como cotidianas, tan normales y cercanas que nos conducen inevitablemente a la conclusión de que los verdaderos extraterrestres somos nosotros como ya nos anticipó, en sus crónicas, Ray Bradbury.

Gracias a él seguimos leyendo al final de cada capítulo el mágico y humilde conjuro esperanzado: “continuará”.  Esta es una de las muchas razones por las que todos somos el Mayor Grubert, y al igual que el ingeniero Barnier cometeremos también el error fatal de hacer entrar en resonancia el proyector de partículas con el calibra-niveles y destruir así una bonita nave cablera. Las consecuencias serán terribles e irrperables, los tres niveles del asteroide Ciguri se descompensarán inevitablemente, al igual que todos nuestros escritos y recuerdos revelándose contra nosotros para destituirnos y ser libres,  para derrocar la tiranía que ejercemos sobre ellos. Pero el ingeniero Barnier nos sorprende al revelarse que es una chica, lleva un abrigo de piel que yo mismo le confeccioné en otro mundo que desapareció como lo hará en el que ahora vivo porqué no podré evitar que el enmascarado arquero del destino efectúe un  disparo certero y atinado. Madame Kowalsky, Jerry Cornelius y el Mayor Grubert lo saben, es decir, saben más de lo que deberían saber. Yo también.

¿Qué puedo hacer además de desaparecer anónimamente en la red del suburbano?
                                                                                                                    
                                                                                                                   Continuará…

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Jean Giraud falleció el 10 de Marzo de 2012, casi 6 años después de escribir el presente texto.